A mi gusto, una de las mayores deficiencias de los esgrimistas y, en general, de cualuqier persona que dedique su tiempo a estudiar un arte marcial que implique armas (del lado oriental, Kendo, por ejemplo) es la poca o nula atención que se le presta al aspecto de la lucha desarmada.
Pues bien, déjenme decirles que la lucha es algo que no tiene desperdicio, por muchos motivos. Para empezar, es una solución eficiente, cuando no elegante, para aquellas ocasiones en las que el oponente decide cerrar mucho la distancia, al punto de hacer poco efectiva el arma.
Más allá de eso, el ringen es una excelente herramienta para aprender a utilizar el arma más importante: nuestro propio cuerpo.
Para aquellos de nosotros que queremos ver las artes marciales occidentales como sistemas eficientes de combate, en mi caso enfocado a la defensa personal, el ringen debería ser el primer punto a tratar como base para el entrenamiento porque, desafortunadamente, no podemos contar con que llevaremos nuestra espada, messer, pollaxe o ballesta por todos lados y en toda situación, así que una dependencia excesiva del arma resta la efectividad del sistema.
Las ventajas de saber los rudimentos de la lucha comienzan por el movimiento. Por supuesto que todo estilo de combate que se precie de serlo nos va a mostrar cómo movernos utilizando la menor cantidad de energía y generar el mayor efecto posible. Economía en el movimiento. Pero a diferencia de una pelea con armas, en la lucha desarmada esto es especialmente cierto, pues hay que llevar todos esos principios al extremo a fin de que cualquier individuo, no importando su tamaño, peso, etcétera, pueda prevalecer sobre su oponente. Como diría Ringeck, si siempre ganaran los fuertes, no sería este un arte verdadero.
Dentro del movimiento, el Ringen invita a explorar las capacidades del cuerpo, hasta dónde y cómo se puede mover cada articulación, cómo colocar mejor nuestro centro de gravedad, cómo desplazarlo y no caer en el proceso. Créanme cuando les digo que hay muchas personas que no son, de hecho, completamente conscientes de qué tanto pueden mover algo y en qué direcciones se puede o no hacerlo. En este mundo moderno y sedentario, la propiocepción no es algo que debamos dar por sentado, pues aunque nadie hace movimientos imposibles (o si no, no serían tales), relativamente pocos son los que prestan atención alguna a los que se pueden.
En esta exploración de la capacidad del cuerpo se aprenden dos cosas, verdad de perogrullo: qué es lo que podemos hacer con qué y qué no. O, en palabras más útiles para nos los que luchamos: qué es, cómo funciona y cómo lo rompo. Una de las mayores fortalezas que nos da el Ringen en este sentido, es el cómo explotar (y defender) las debilidades del cuerpo humano.